EL MIEDO II

El miedo no se puede derrotar, ni eliminar, forma parte y está integrado en nuestras fibras nerviosas de nuestra envoltura corporal necesario en la evolución, porque nos permite estar consciente de una realidad extra corporal, del que muchos no perciben, y no se dan cuenta que es una llave muy importante que desarrolla la percepción y la sensibilidad, si se le da el justo valor, cuando lo observamos, y tomamos el aspecto positivo de esta emoción, sensación, que la mayoría de la humanidad la considera negativa, destructiva, y malsana, y difícil de controlar, cuando se envuelven en su energía, en la que nosotros inconscientemente, mentalmente le ponemos la sazón de buen y mal gusto.
Los verdaderos buscadores, iniciados y místicos, lo primero que hicieron, es pasar por la prueba más dura, para encontrar el camino hacia la vida divina, hacia la realización, o a la iluminación, enfrentarse a una de las múltiples manifestaciones de la divinidad, Absoluta: El miedo, una llave importante para dar el salto hacia lo "desconocido", envueltos en el torbellino de una oscuridad de muerte, en un vacio sin fondo "eterno", pasaban a la luz del conocimiento y la sabiduría, donde son actores y espectadores de su propia sustancia eterna más allá de la dualidad, del espacio tiempo sin forma ni nombre.
En el hombre común y corriente, la intuición, el instinto de conservación le permite activar este emoción, sentimiento, para auto protegerse, y estar a la defensiva, cuando su inconsciente premonición le indica que correrá algún peligro, o que pasará algo que desconoce, dejándole una sensación desagradable, que puede durarle poco o mucho tiempo.
Esta emoción, sensación, que luego se desvanece borrándose de la mente, quedándose en la memoria como un precedente, que puede aflorar en algún momento de la existencia, porque no se hace nada por enfrentarlo, transmutarlo, y utilizarlo en beneficio de su evolución, obteniendo una personalidad a toda prueba, fuerte robusta, consciente del poder interior, y de su divinidad sin tiempo ni espacio. Absoluta, o Dios.
Hno. Rodolfo
